Es difícil no sentirse regeneracionista en Sicilia, no preguntarse por la razón de su atraso, ese vivir en su isla y fuera del mundo.
En "Margin Call", la película que narra el desplome del Goldman Sachs y por extensión el hundimiento del capitalismo financiero, hay una escena reveladora: cuando ya el desmantelamiento del banco es inevitable, uno de los asesores le cuenta a su amigo que él es ingeniero y que antes de trabajar para el banco hizo un puente. Pasa después a sumar detalladamente las horas que se han ahorrado gracias a ese puente, al evitarse un largo rodeo; teniendo en cuenta la población de la zona, desmenuza las horas ahorradas en una semana, en un mes, en un año... Ante el espectáculo de los miles de millones de dólares convertidos en humo en el gigantesco "potlach" de la bolsa, el asesor se aferra a lo que hizo y quedará, el puente, porque de lo demás no quedará nada salvo el sufrimiento.
En Sicilia, por todas partes quedan huellas sólidas, en piedra, de un pasado glorioso. Columnas grandiosas, balcones regios, escudos de antigua nobleza conviven con carreteras africanas, calles malolientes y restos de basura por todas partes. Teatros griegos, villas romanas, mosaicos bizantinos, catedrales normandas, barroco español... y ahí se detiene la historia. Qué hizo Sicilia en el siglo XIX, en el XX? Dormir? En cada plaza enfáticas inscripciones recuerdan el momento glorioso en que Garibaldi pasó por allí o a los mártires caídos en la lucha por la unidad del patria o los enardecidos discursos que se pronunciaron para saludar a la Italia naciente. El dinero se lo llevó la Mafia y no dejó nada. Como en Goldman Sachs.
Pedro.
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